Hace frío,
no tengo hambre,
el río desvanece,
me golpea en las rodillas.
Cortado de brazos,
me arrastro a mi tríbulo,
el remo dispuesto a la inyección.
Desvanezco.
De cabeza por cambrón jardín,
inevitable trance
el río se exhibe; flotando, escamado,
¿Cómo no lo vez?
Interrumpido frente a ti,
también yo,
silente, sólo está...
...más fresca es su brisa,
que el soberbio de mi existencia.


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